“Salve”: la falsa tonada cordobesa condena la película – Pasen y vean

Los miles de cordobeses que ya vieron la película “Granizo” experimentaron más o menos lo mismo: cierta satisfacción innegable con un par de magistrales tomas aéreas de La Cañada y Los Capuchinos y el colorido de un sector del barrio Güemes. , todos los retazos de la ciudad Como postales privilegiadas que enamoran a cualquiera. Todo transcurre sobre ruedas hasta el momento exacto en que Guillermo Francella toca el timbre de una casa y su hija Carla sale a recibirlo.

Es instantáneo. A partir de entonces, a cualquiera que haya vivido por estos lares le costará concentrarse en los diálogos y la continuidad de la acción debido al fastidio que le causó el intento fallido de la actriz Romina Fernandes de imitar la tonada cordobesa. Para colmo, está distanciada de su padre y tiene que mezclar sorpresa, disgusto y tristeza cuando Miguel Flores aparece en su casa y casi le grita, amplificando el error.

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Así como nadie sabe quién ganó o perdió en los Oscar porque solo hablan de la bofetada de Will Smith a Chris Rock, a muy pocos se les ocurre juzgar seriamente la película de Marcos Carnevale porque el público local quedó atónito por el falso acento de la actriz.

Nueve de cada diez espectadores defienden la contratación de un cordobés para ese papel. Hay decenas de actrices que dan la talla y esta misma discusión surgió en abril de 2016 cuando Telefe puso en pantalla la tira “Educando a Nina” que tuvo un alto rating, enamoró a los bonaerenses y enfureció a la audiencia local. por el esfuerzo que hizo el elenco encabezado por Griselda Siciliani por exagerar el cordobismo que, en general, salió como un mono.

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El problema son los estereotipos. A Córdoba se le suele asignar ciertas coordenadas que facilitan la identificación de los nativos de la provincia para el resto de Argentina. La tonada en primer lugar, el chiste rápido y fácil, el fernet con coca, Talleres y Belgrano y Mona Jiménez.

Los realizadores de “Granizo” escribieron una historia en la que un meteorólogo de Río de Janeiro exiliado en Buenos Aires, con una exitosa carrera, fracasa de la noche a la mañana a causa de una tormenta que no vio venir y huye a Córdoba donde su hija, médica, vive. pediatra con quien mantiene una relación compleja.

La película podría haberse desarrollado perfectamente en el mismo escenario de Córdoba sin necesidad de que la niña hablara en Córdoba porque lo importante es el tema dramático que sitúa al padre y a la hija separados, en lugares geográficos diferentes y, sobre todo, en una melodía diferente.

El cordobés de Romina Fernandes te saca de quicio. Es un problema vivir dependiendo de la forma en que habla en lugar del significado de sus palabras. Con “Educando a Nina” sucedió algo similar pero el decidido acento humorístico de la novela de Underground y la música lo hacían más llevadero.

La primera en quejarse a gritos de la interpretación de Romina Fernández fue una tik tokera, Laveki, que gritó que contraten cordobeses si lo que quieren es mostrar un cordobés. “Hay cordobeses, pongan cordobeses, no les cuesta nada, busquen uno, el de la tienda, del quiosco, cualquiera que sea cordobés”.

Hace seis años cuando “Educando…” estaba en su esplendor, los bonaerenses exhibían a diario su desconcierto por las quejas de Coki Ramírez quien llegó a decir que las tonadas de los integrantes de ese elenco eran una estocada al corazón. de toda una provincia.

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Tal vez no sea tan importante, pero esta vez hay una molestia añadida: el director, Marcos Carnevale, es un orgulloso hijo de Inriville.

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